martes, 23 de septiembre de 2014

TEMA 2 AL-ÁNDALUS Y SUS PRINCIPALES ETAPAS

TEMA 2 AL-ÁNDALUS Y SUS PRINCIPALES ETAPAS


La conquista musulmana de la península


Cuando los musulmanes se afianzan  en el norte de África tras arrebatársela a los bizantinos, el gobernador de dicha provincia, Muza, sondea en busca de nuevas conquistas. Al otro lado del estrecho, existe otro reino, del que desconoce su fuerza, así que envía a un tal Tarif, al mando de un pequeño destacamento de 1000 hombres, en busca de botín, y para conocer el nivel de resistencia de los habitantes del lugar, en el año 710. La gran cantidad de riquezas recaudadas y la facilidad de la empresa animan a Muza a mandar una expedición mucho mayor, se cree que de unos 10.000 hombres, al mando de su liberto Tarik.
Cuando el rey Rodrigo, estando en campaña contra los vascones, que se habían vuelto a rebelar, recibe la noticia de una inquietante invasión en toda regla por el sur, se dirige inmediatamente con sus tropas hacia ese lugar. No solamente su ejército se encontraba extenuado del esfuerzo, sino que también hay que recordar que, aparte de guerreros propios,  estaba compuesto de mesnadas, es decir, por los contingentes de soldados que pertenecían a sus vasallos, y por tanto, no necesariamente leales al rey. De hecho, conocemos por las fuentes textuales árabes que los familiares de Witiza se retiran del combate, junto con sus tropas, en la batalla de Guadalete (711), quedando así sellada su traición. Nunca se supo qué ocurrió al rey Rodrigo.
Tarik persigue a los restos del ejército visigodo que se refugian en Écija y pasa a cuchillo a su población. Con esta acción, quiere facilitar la conquista de otros lugares, como ocurrirá con Córdoba, que se rinde.
Mientras tanto, Muza, celoso del gran éxito de Tarik, y ambicionando botín, reúne más efectivos bereberes (norteafricanos) y se dirige a la península. Serán sus tropas quienes conquisten Sevilla y sellen la capitulación de Mérida. Ambos generales se reúnen en la capital del reino, Toledo, que no lucha, pues les es abierta por el hermano de Witiza, y continúan hacia el norte, hasta el 714 en el que marchan a oriente (donde serán juzgados por el califa). 

Gran parte de la península se rinde o pacta con los musulmanes, no ofrece resistencia para defender la autoridad visigoda. El mejor ejemplo lo vemos cuando Abd al Aziz, el hijo de Muza, nuevo gobernador de África, sella un pacto con el conde visigodo Teodomiro, el llamado Pacto de Tudmir, en el que los musulmanes obtienen la obediencia de las 7 ciudades donde éste gobierna, en la zona entre Murcia, Albacete y Alicante, a cambio de respetar su vida, propiedades, y religión “ya que se ha sometido sin lucha”.


Por su parte, el conde Casio de Zaragoza se somete, pasando sus sucesores (Banu Cassim) a gobernar este territorio durante toda la dominación musulmana; y Cataluña se somete, controlada por los hijos de Witiza.
Otro aspecto que hay que resaltar es la organización del territorio conquistado. Una razón por la que la población hispanogoda no se resiste, es porque los musulmanes son tolerantes con otras religiones monoteístas, la hebrea y la cristiana, mientras paguen un impuesto por ello. Además, las élites sociales, para seguir en su posición privilegiada, aceptan a los nuevos dominadores y les apoyarán, siendo los primeros en islamizarse. Los cristianos convertidos al Islam recibirán el nombre de muladíes.
Existen 3 diferentes teorías sobre la invasión musulmana:
-          Una visión, heredera de la medieval cristiana, es la que relaciona la llegada de los musulmanes a los enormes “pecados” y a las “profanaciones” del rey Rodrigo, que llevan a la perdición del reino. Es la que se transmite a través del romancero, y por tanto, son tradiciones, cuentos, no algo histórico ni creíble, sólo son historias para entretener que no conocen la realidad.
-          Otra teoría, es la que relaciona la llegada de los musulmanes con la petición de ayuda de parte de los hijos de Witiza. Las fuentes escritas por autores islámicos confirman este contacto, pero también tenemos que tener en cuenta que también la península estaba en su siguiente punto de mira en su expansión tras la conquista del norte de África.
-          La última, más reciente, no se preocupa tanto de las causas de su llegada, sino de la ruta. Cada día más autores la comparten, y consiste en identificar la Región de Murcia como el lugar de desembarco de los musulmanes, y sitúa la batalla de Guadalete junto al río Guadalentín o Sangonera, en dicha provincia.
Este mapa, pese a ser más cutre, sigue las rutas que aparecen en las fuentes históricas musulmanas

El Emirato Dependiente de Damasco o waliato (711-756)

El periodo comprendido entre la batalla de Guadalete y la entronización de Abderramán I en Córdoba se conoce en la historia de Al-Ándalus como emirato o waliato, ya que el dirigente de la España musulmana recibirá el título de emir, amir o walí, o sea, gobernador de una provincia del imperio musulmán, que tenía su capital en Damasco durante la época de los califas omeyas.
Esta fase se caracteriza por la conquista musulmana de la península, como hemos explicado. En años posteriores, se asegura la presencia islámica en lugares más remotos, siendo frenados en la cornisa cantábrica en el 722 en la batalla de Covadonga.
Los intentos de los emires cordobeses de proseguir sus conquistas por el sur de Francia tendrán éxito inicialmente, hasta que Carlos Martel (abuelo de Carlomagno) logrará derrotar de forma definitiva a los musulmanes en el corazón de su reino, en la batalla de Poitiers (732). A partir de entonces, se replegarán al otro lado de los Pirineos, donde de vez en cuando practicarán expediciones de saqueo o razzias, hasta que Carlomagno decida crear una “Marca Hispánica”.
También hay que destacar la revuelta de los bereberes en el año 740, de tal importancia, que tiene que ser sofocada con un envío desde oriente de un ejército de sirios (que se quedan en Al-Ándalus). Las causas son el desigual reparto de las tierras arrebatadas a los hispanogodos derrotados por las armas, ya que la costa mediterránea y los valles de los ríos, con sus fértiles vegas, son entregadas a gente de origen árabe, incluso a los que no participan en la conquista y llegan después, mientras que a los bereberes, originarios del norte de África se les entregan las tierras más pobres y agrestes, como la meseta, Galicia, las zonas montañosas y la peligrosa zona fronteriza con esos pequeños núcleos de resistencia cristianos que se están formando en el norte de la península. La principal consecuencia de dicha revuelta será el abandono de las tierras más allá del Duero, que denominamos “tierra de nadie”.

El Emirato Independiente (756-929)

En el año 750 hay un cambio de dinastía en los califas del imperio musulmán. Los abasidas asesinan a la familia real omeya al completo reunida en un banquete en Damasco, en una conjura urdida por todos los enemigos de dicho régimen, que discriminaba a los nuevos musulmanes a favor de las familias de origen árabe, que ocupaban los altos cargos y recibían las mejores tierras.
El joven príncipe Abd-al-Rahman o Abderramán consigue escapar de la masacre y huye, temiendo su captura, hasta el otro extremo del Mediterráneo, a Al-Ándalus. Allí ha conseguido, a través de un liberto suyo, el apoyo de poderosas familias pro-omeyas, que, esperando ser recompensados, le ayudan a derrotar al emir impuesto por los abasidas.
Tomará el nombre de Abderramán I, y se declara política y militarmente independiente de sus enemigos los califas abasidas, pasando, por tanto, de ser electo el cargo de emir a ser hereditario en la familia omeya. Sin embargo, el liderazgo religioso se sigue manteniendo en los califas que ahora residen en Bagdad. A esta independencia de la península ayuda que haya otros levantamientos en el imperio musulmán que impidan que los abasidas recuperen el control de Al-Ándalus.
La constitución de un estado independiente concede a los emires todos los poderes excepto el religioso, y la transmisión por herencia concede cierta estabilidad en el trono, pero a pesar de ello, el emirato independiente es un periodo con muchos problemas.
Quizá el principal sean las luchas de las diferentes tribus instaladas en Al-Ándalus, que se toman la justicia por su mano y combaten entre ellas, por encima de la autoridad cordobesa. Sobre todo destacan las revueltas de los bereberes, que son el único asunto que genera unión entre las tribus de origen árabe, frente al desigual reparto de las tierras peninsulares. Esta situación continúa porque los omeyas siguen favoreciendo a estos últimos.
También hay un creciente descontento por la discriminación que se plantea entre los musulmanes llegados de fuera y los andalusíes, que a pesar de convertirse al Islam, deben seguir pagando el impuesto que sólo tenían que pagar los judíos y cristianos por mantener su religión. Esto sucede porque los emires ven decrecer enormemente sus ingresos por la paulatina conversión de la población conquistada a la religión de los vencedores, sin embargo, estos muladíes (cristianos convertidos al Islam) llegarán a recurrir incluso al alzamiento armado contra las autoridades emirales. El más sonado será el acaudillado por Omar ibn Hafsún, que gobernará sobre amplias zonas de la serranía de Ronda, y continuarán sus hijos.
Bobastro, la "ciudad oculta" de ibn Hafsún
También son importantes la rebelión de la gente humilde en la llamada jornada del foso de Toledo, que se saldará con miles de víctimas, o el llamado motín del arrabal (o barrio externo donde vive la gente más pobre) en la capital, en Córdoba.
Un fenómeno curioso será en el s. IX la oleada de martirios voluntarios a los que se entregarán los miembros de algunas importantes familias mozárabes (cristianos que viven en territorio musulmán) incitados por los obispos cristianos para denunciar la cada vez menor tolerancia hacia las manifestaciones de su fe.
Desligados de esta iniciativa, hay algunas revueltas contra los impuestos por parte de los mozárabes, que llegan incluso a aliarse con ibn Hafsún.
La falta de una autoridad efectiva de los emires cordobeses será aún mayor en las regiones más alejadas de la capital, las provincias fronterizas o marcas, las de Badajoz, Toledo y Zaragoza, donde las principales familias son las que realmente gobiernan en una práctica independencia.
Por su parte, el reino de Asturias está repoblando tierras al otro lado de la cordillera cantábrica, llegando a consolidar su presencia en el Duero, como se puede deducir del que situaran su nueva capital en León (910).
Los sucesivos emires omeyas no podrán solucionar estos enormes problemas hasta que llegue en el 912 al trono Abderramán III. Consciente de que el mayor problema son las continuas rebeliones de los bereberes, decide emplearlos masivamente en el ejército como mercenarios, ya que todos esta inestabilidad se va a solucionar no con concesiones, sino por la fuerza. Pero para mantener un gran ejército hace falta tener abundantes ingresos, los cuales se podían obtener de devolver bajo control cordobés a todas las regiones rebeldes. Así conseguirá mediante el envío de tropas, la obediencia de las marcas fronterizas, haciendo cumplir su ley. También obtendrá grandes beneficios de lanzar contra los cristianos del norte campañas victoriosas que no buscan la conquista de esos territorios, son razzias en busca de botín, que llenan las arcas cordobesas y mantienen a los bereberes bajo el mando del emir. Asimismo, acaba con las demás rebeliones internas y llega a intervenir en el norte de África tomando Melilla, Tánger y Ceuta para frenar la influencia de los fatimíes en el Magreb.
Tras unificar y potenciar el poder musulmán de la península, Abderramán III decidirá erigirse en el año 929 también él como califa, ostentando así también la autoridad religiosa en Al-Ándalus. Nada podrán hacer los califas de Bagdad ni los del recién creado califato fatimí.


Califato de Córdoba (929-1031)

Con la proclamación como califa de Abderramán III comienza el periodo más floreciente en todos los ámbitos de la historia de la España musulmana.
Sobre todo, hay que destacar la labor como mecenas que realizará su hijo Al-Hakam II (961-976), gran protector de las artes y las ciencias. Atrajo a Al-Ándalus a los más importantes intelectuales de todos los ámbitos (matemáticas, astronomía, poesía, medicina, …), creando la biblioteca más importante de su época y convirtiendo a Córdoba en la capital cultural del mundo. 
Medina Azahara fue la residencia de los califas cordobeses

A la península llegaban mercaderes de todo el mundo y la moneda califal (dinar de oro y dirham de plata) se convirtió en la divisa más importante.
A la muerte de Al-Hakam II, subía al trono su hijo Hixem II, menor de edad, asumiendo la regencia el ambicioso hachib (primer ministro o visir) Almanzor (Al-Mansur, el grande). Éste sólo pudo mantener la estabilidad política con una agresiva política exterior consistente en el empleo masivo de bereberes en sucesivas campañas contra los reinos cristianos del norte. Nunca se pretendió su conquista y ocupación, sino su sometimiento al pago de parias (pesados tributos a cambio de la paz) o la obtención de botín. De hecho, saqueó las principales ciudades cristianas, como Barcelona, Oviedo, León o Compostela, donde visitó la tumba del apóstol y capturó las campanas para elaborar lámparas en la mezquita de Córdoba (a donde fueron llevadas a hombros de los muchos prisioneros cristianos que hizo), que él mismo amplió.

Ampliación de la mezquita de Córdoba realizada por Almanzor

Su muerte (1002) en una de sus numerosas campañas conllevó a la desestabilización del régimen. Las tropas bereberes saqueaban aldeas sin control ninguno y los califas se sucedían rápidamente en una serie de conjuras y asesinatos. La anarquía se hizo tan evidente que incluso el palacio real de Medina Azahara fue saqueado y expoliado. Finalmente, un grupo de aristócratas cordobeses decidió en 1031 la disolución del califato como institución, sustituyéndolo por una serie de gobiernos autónomos en cada región, los llamados reinos de Taifas.

La época de los primeros Reinos de Taifas

Nada más disolverse el Califato, se constituyeron una serie de reinos por todo el territorio musulmán, cuyo número es muy variable, ya que muchos luchaban entre ellos. Hay de varios tipos, según el origen de sus familias gobernantes: árabes, muladíes, bereberes o eslavos (sí, musulmanes de origen eslavo). Las más importantes por su poder y extensión fueron las de Zaragoza, Toledo, Badajoz y Sevilla, que a menudo anexionaron otras más pequeñas, como las de Granada, Almería, Tortosa, Denia, Córdoba, Valencia, Albarracín, etc. 
Al dividirse Al-Ándalus en diversas unidades políticas, eran un enemigo dividido ante los constantes ataques conquistadores cristianos, y por tanto, débil, ya que también luchan entre ellas. Ello se traducirá en un aumento constante de los impuestos para los campesinos (y por tanto, un empobrecimiento de los mismos), bien para las guerras o para el pago de parias a cambio de paz.

Historia de la taifa de Toledo

Ante la crisis y debilidad del Califato cordobés a partir del 1031, el visir toledano de origen bereber Ismail al-Zafir proclamó la independencia del Reino Taifa de Toledo, el más extenso de todos los andalusíes (casi toda la meseta sur, los valles medios del Tajo y el Guadiana), dejando la corona a su hijo Yahya al-Mamún (1043-1075). Éste, ante el ataque de su rival, el rey taifa de Zaragoza, se granjeó el apoyo y la protección de los castellanos (Fernando I), por el pago de parias o tributos, y afianzó su poder haciéndose con el valle del Henares y las tierras alcarreñas hasta Medinaceli y Molina; contuvo a las tropas del reino taifa de Badajoz en Talavera y desde tierras de Cuenca se anexionó el reino taifa de Valencia. La pujanza de Toledo como foco económico, científico y cultural fue entonces extraordinaria, hasta el punto de albergar temporalmente al exiliado Alfonso de León en su conflicto con su hermano Sancho de Castilla, contrayendo con Toledo una deuda de no agresión y ayuda mutua. La fortuna militar de al-Mamún le llevaría incluso a la toma de la misma ciudad de Córdoba en 1075, pero murió asesinado poco después.
Su nieto y sucesor Yahya al-Qádir, con la oposición de la propia población toledana agobiada por los tributos, no consiguió hacerse con el reino y fue depuesto por el rey de Badajoz; aunque el ya rey de Castilla y León Alfonso VI consiguió devolverlo a su trono (1081). Pero incapaz de mantenerse en él, y ante los ataques y razzias de zaragozanos, valencianos, aragoneses y, por supuesto, castellanos, se pactó un intercambio: Castilla ocuparía Toledo mientras que al-Qádir sería entronizado en Valencia. Después de un laborioso asedio, y con ayuda y apoyo interior, el 25 de mayo de 1085 Alfonso VI conseguiría entrar en Toledo, en lo que ya entonces se presintió aún con muchas incidencias posteriores como el principio del fin de la España musulmana, que empezaba a deshilacharse por el centro.
La toma de Toledo causó una profunda consternación en los musulmanes hispanos que ante el miedo a los cristianos pidieron ayuda a sus correligionarios del norte de África: los almorávides, que pasaron el estrecho en 1086, derrotando a los cristianos en varias batallas, y controlaron Al-Ándalus de 1095 a 1146.

El dominio almorávide

Los almorávides eran bereberes que forjaron un estado basado en una versión más rigorista y radical del Islam, extendiéndose desde su núcleo originario en el Sahara hasta el estrecho de Gibraltar. Acudieron en ayuda de los andalusíes y derrotaron a Alfonso VI de Castilla y León en Sagrajas (1086), poniendo a continuación asedio a Toledo, pero no la pudieron tomar. Poco a poco, los almorávides consiguieron hacerse con el control de las distintas taifas, unificando de nuevo la España musulmana, aunque fuera anexionándola a su Imperio.
La cadena de éxitos continuó con nuevas victorias en nuestras tierras, en Consuegra (1097) y Uclés (1108), y esto favoreció su dominio sobre Al-Ándalus, hasta que varios factores fueron socavándolo. Su ayuda militar permitió relajar esa enorme presión fiscal que suponía el pago de parias y frenó a los cristianos, pero por un lado, eran vistos como dominadores extranjeros y no hablaban el mismo idioma que los andalusíes, y también acabaron con la tolerancia hacia los mozárabes (cristianos en territorio musulmán) y judíos peninsulares, acabando con la secular (que dura siglos) convivencia entre dichas culturas (de hecho, Alfonso I el Batallador dirigió una expedición por Andalucía para atraer mozárabes descontentos para repoblar tierras del norte). 
Así, cuando las victorias militares almorávides dejaron paso a las primeras derrotas, los propios andalusíes se rebelaron contra ellos (1144-5) y los expulsaron, formándose los llamados segundos reinos de Taifas.

El dominio almohade

Las segundas Taifas tuvieron una vida efímera (breve) ya que los nuevos dominadores del norte de África, los almohades, se hicieron con el control de Al-Ándalus de 1145 a 1160. Éstos sí supusieron una amenaza mayor para los cristianos, que sufrieron una durísima derrota en Alarcos (1195), resultando asediado y destruido el castillo de Calatrava la Vieja (C. Real). Reconquistaron tierras a los cristianos en La Mancha y también todo el Reino formado por el Cid en Valencia.
Los reinos cristianos unieron sus fuerzas para atajar este enemigo común, logrando Alfonso VI de Castilla derrotar a las fuerzas combinadas de almohades y andalusíes en la mayor batalla de la Edad Media española, la Batalla de las Navas de Tolosa (1212), en las mismas puertas de Andalucía, junto a Despeñaperros.
Las consecuencias de esta derrota fueron importantísimas: el principio del fin del dominio almohade, la pérdida del valle del Guadalquivir en poco más de 30 años y la formación del reino nazarí de Granada.

El Reino nazarí de Granada

-          Su origen:
La creación del reino nazarí de Granada viene determinada por la batalla de las Navas de Tolosa en primer lugar, y el inicio de la conquista del valle del Guadalquivir. El iniciador de la dinastía nazarí que da nombre a este reino será el gobernador de Arjona (norte de Jaén) el famoso Alhamar que, aunque fue expulsado de sus tierras, consiguió hacerse reconocer rey de Granada y también de Murcia, que sin embargo pronto perdió. Al aglutinar bajo su poder gran parte de las tierras islámicas de la Andalucía oriental, constituyó un poder unido frente a los cristianos. Asimismo, consiguió consolidarlo declarándose vasallo de los castellanos (1246), jurando fidelidad a Fernando III el Santo, lo cual salvó su reino pero también le obligó a acudir con su señor a la guerra contra sus correligionarios, por ejemplo, en el asedio de Sevilla.
-          Factores que ayudaron a su larga pervivencia:
1)   Su vasallaje inicial a Castilla, que ya hemos citado, ayuda a su consolidación.
2)   El pago de parias a cambio de paz. Sin embargo, como hemos visto, se traducía en agobiantes impuestos sobre la población que hacían inestables los gobiernos de los monarcas granadinos.
3)   La orografía del terreno donde se asienta el reino ayudará enormemente a su defensa frente a Castilla en las épocas de guerra. La frontera variará muy poco en dos siglos, exceptuando la zona de Cádiz, porque está muy bien defendida por una red de fortalezas y atalayas de vigía en zonas muy escarpadas que hacían muy costosa su conquista, que normalmente tenía lugar tras un largo asedio.
4)   La debilidad interna de Castilla que se manifiesta tras el reinado de Fernando III (a partir de sus sucesores Alfonso X el Sabio y Sancho IV), debida a las luchas entre la monarquía y la nobleza por cuestiones sucesorias, luchas en el s.XIV entre los campesinos y los señores, la Peste Negra, etc.
5)   La importante densidad demográfica del reino granadino, a la cual acudía en masa la población musulmana tras la conquista de sus tierras por los castellanos, sobre todo tras la expulsión de los mudéjares (musulmanes que viven en tierras cristianas, llamados luego en el XVI moriscos) andaluces tras su revuelta del 1264. Esto significaría un mayor número de tierras en explotación, mayores ingresos, más hombres para la guerra, etc.

-          Historia del reino de Granada:
La época de mayor apogeo del reino será en el s. XIV, cuando se van a construir las salas más importantes de la Alhambra, la alcazaba de Almería, etc. La economía se basaba en su rica agricultura, el pastoreo en las zonas montañosas y el activo comercio con Génova y el norte de África. De hecho, durante un tiempo, los granadinos se apoyaron en los benimerines, nuevos dominadores del norte de África tras los almohades, logrando avances frente a los cristianos, pero desde mediados del XIV, perderán definitivamente el estrecho y con ello toda ayuda externa. Desde entonces se inicia el declive nazarí.
El patio de los Leones del palacio de la Alhambra
 -          La guerra de Granada:
Dos factores inciden en el fin de la última posesión musulmana en la península:
1)   La consolidación de la monarquía frente a la nobleza, tras el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, sometiendo los Reyes Católicos a aquellos que no les apoyan.
2)   Los problemas internos en Granada: la guerra civil entre Boabdil y su tío Zagal.
A partir del 1483 la primera fase de la guerra consistirá en el sometimiento de la parte occidental del reino, concluida con la costosa toma de Málaga al asalto. A continuación, el siguiente teatro de operaciones será la zona oriental, aislando Granada del puerto vital de Almería. La rendición de Boabdil será el 2 de enero de 1492.


Tenéis un eje cronológico que quizá os ayude en esta página:
http://www.dipity.com/blancasdv/Edad-Media-de-Espa-a/ 



El legado andalusí


La dilatada presencia islámica en la península ibérica ha dejado su huella en nuestra cultura:
-en la lengua: muchísimas palabras de origen árabe han pasado al castellano. Destaca también el gran número de topónimos de ciudades y lugares cuyo nombre deriva del que le dieron los musulmanes (muy abundantes en el sur y Levante).
-en la agricultura y la gastronomía: los árabes trajeron a Al-Ándalus sus valiosos conocimientos en técnicas de regadío y aprovechamiento del agua, como el uso de acequias y norias. Asimismo, trajeron cultivos provenientes de oriente, como el arroz, frutales como el naranjo y el limonero, hortalizas como la calabaza o la alcachofa, que sirvieron para tener una dieta mucho más sana y variada en el sur que en territorio cristiano. Ambos aspectos nos diferencian de otros países de Europa.
Patio de los naranjos de la Mezquita de Córdoba
-en el arte: los musulmanes utilizaban frecuentemente materiales como el azulejo (alicatado), que a diferencia de otros países europeos, en España se emplea tradicionalmente. El empleo de techumbres de madera (artesonado) y la decoración islámica se fundieron con las técnicas cristianas formando un arte híbrido, el mudéjar, que sólo existe en nuestro país.
 
Una joya del arte mudéjar: el Alcázar o palacio real de Sevilla
-en el urbanismo: las ciudades musulmanas, de calles estrechas y desordenadas, con sus zocos y los arrabales exteriores a las murallas,… todavía existen en los barrios antiguos de muchísimos núcleos urbanos de España, así como la forma de construir las casas.
El Albaicín, el barrio de más sabor islámico de Granada, visto desde la Alhambra
-en el pensamiento: forman parte de la herencia cultural española los grandes filósofos cordobeses Maimónides y Averroes.
-en la cultura material: los musulmanes trajeron de China las técnicas de fabricación de la seda, cuya tradición perdura en Valencia y el papel. El trabajo de las pieles o la plata tiene gran arraigo aún en Córdoba.
-en el patrimonio cultural: señas indispensables de la rica historia de nuestro país son la mezquita de Córdoba, el palacio de Medina Azahara, la Giralda y la torre del Oro, la Alhambra de Granada, etc. que hoy son además grandes reclamos turísticos.

 

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